ABRIENDO EL OJO DE LA IMAGINACIÓN 

Goethe, estudio de plantas (acuarela)

"Este es el color más cercano a la luz ... En su máxima pureza, siempre lleva consigo la naturaleza del brillo, y tiene un carácter sereno, alegre y suavemente excitante". Goethe, de su teoría de colores

 

Documental sobre la ciencia de los colores de Goethe, producido para la Real Academia Danesa de Bellas Artes y el Ministerio de Cultura danés

Goethe, dibujos de unidades modulares en insectos

SENTIMIENTO COGNITIVO  

 

La experiencia de Goethe fue que el sentimiento, cuando se cultiva, puede transformarse en órganos de percepción altamente diferenciada. Así como el órgano rudimentario de la sensación de luz que encontramos en los animales inferiores se ha convertido en el instrumento óptico altamente evolucionado del ojo humano, la sensibilidad del alma humana es capaz de evolucionar desde un sentido primitivo de nuestro propio placer y dolor en un órgano que responde a todo el espectro de cualidades que muestran los múltiples seres en el mundo que nos rodea. Así, el poder elemental de nuestras pasiones - deseo, miedo, simpatía y repulsión - gradualmente puede transformarse en compasión: en la capacidad desinteresada de sentir, experimentar y percibir la naturaleza interna del otro. Esta transformación de nuestros sentimientos en órganos transparentes de percepción tiene lugar a medida que podemos impregnarlos con poderes de conciencia cada vez mayores. De esta forma nuestros sentimientos dejan de gobernarnos en nuestros estados de ánimo semi-conscientes y se convierten en órganos equilibrados de percepción activa. 

Al participar en la cualidad específica de un color, un sonido, una planta o un animal, le damos vida dentro de nosotros mismos. Esta vívida experiencia interior no es subjetiva: a través de ella llegamos a percibir la naturaleza esencial del objeto en cuestión. Goethe escribió: "Cada objeto nuevo, bien observado, abre un nuevo órgano de percepción dentro de nosotros". * Solo a través de lo que repercute y cobra vida dentro de nosotros, podemos percibir la naturaleza interna y esencial del objeto. El objeto se presenta a nuestros sentidos como un acertijo: nos da todas las pistas. Sin embargo, solo podemos encontrar la solución dentro de nosotros mismos. La solución no es otra cosa que el ser esencial del cual las pistas son las manifestaciones. Esta naturaleza esencial del objeto se vuelve internamente tangible en la forma de un sentimiento que está tan impregnado de conciencia, tan claro y definido, que se convierte en un sentimiento cognitivo. En ese momento, nuestros sentimientos se convierten en conocimiento o comprensión; nuestra percepción está impregnada de sentimientos. Ahora tenemos la experiencia profundamente satisfactoria de ver el objeto en todas sus manifestaciones externas como la revelación de las leyes de su vida interior. Es como si estuviéramos contemplando el objeto por primera vez. Ahora, por fin, podemos verlo en su realidad completa y dinámica. El simple mirar el color amarillo, por ejemplo, no nos revelará nada de su carácter. Solo a través de nuestra participación interna en su cualidad podremos experimentar su naturaleza estética-moral esencial. Por lo tanto, solo podemos percibir el carácter esencial de un objeto cuando despierta como una experiencia interna dentro de nosotros.

Goethe asentó las bases de una ciencia cualitativa con su estudio del color,. La ciencia analítica y cuantitativa se interesa principalmente por el aspecto espacial del mundo puramente físico. Mientras tanto la ciencia de la metamorfosis explora los principios formativos del mundo orgánico que viven en la dimensión del tiempo. La ciencia del color de Goethe consiste en una investigación de dimensiones aún más profundas de las realidades que se manifiestan como cualidades específicas.

El participar en la ciencia a este nivel es equivalente a aprender el lenguaje de la naturaleza. Ya estamos familiarizados con el "lenguaje corporal" del ser humano: con el lenguaje fisonómico de una sonrisa o una mueca, de un gesto o una postura particular. Lo entendemos tan fácilmente porque nosotros mismos lo estamos usando constantemente, conscientemente o no, para expresar nuestro propio estado interno. Sin embargo, para experimentar el lenguaje de la naturaleza, debemos desarrollar la capacidad de vivir en sus cualidades tan íntima y fuertemente como podemos vivir en la fisonomía o el gesto de otro ser humano. Como poeta, Goethe poseía la capacidad perceptiva de experimentar su idioma y plasmarlo en su escritura. Sin embargo, también sintió la necesidad de ordenar su experiencia y comprender a través del  pensamiento su legitimidad interna. Goethe estaba predispuesto a desarrollar una ciencia cualitativa o fisionómica.

A través de sus estudios, Goethe logró una comprensión del color como las labores y los sufrimientos, el lenguaje vibrante, de la luz. Él planeó emprender un estudio similar del tono musical. Eventualmente, este enfoque científico avanzará hacia una comprensión experiencial de todas las cosas como la expresión fisionómica de su ser interno esencial, ya sean minerales, árboles, animales, personas, paisajes o planetas. Así superaremos nuestra actual alienación de la naturaleza y podremos ver a través de las apariencias en el corazón de las cosas.

John Barnes, Goethe y el poder del ritmo, Adonis Press, 1999.